Es muy común que en alguna etapa de nuestra vida nos preguntemos quiénes somos en realidad, para qué estamos acá, cuál es nuestra meta, nuestro objetivo. Pese a que se cree que es un tema relacionado con la adolescencia, la búsqueda de una identidad propia, y una personalidad definida, éste es un interrogante que las personas se preguntan continuamente, en la edad adulta inclusive. Esto es así porque no existe ningún parámetro que nos permita determinar hasta qué punto formamos nuestra identidad, o en qué momento dejamos de hacerlo. Por este motivo, es importante tener siempre presente lo que somos, y adaptarnos a los cambios que a la vez modifican nuestros hábitos y conductas frente a la vida.
El interés de las personas por saber qué lugar ocupan en el mundo no es un tema nuevo. Por el contrario, cientos de personas durante años estudiaron y trataron de descifrar este interrogante. Muchos filósofos han dejado por escrito sus opiniones al respecto. Sin embargo, suele ocurrirnos que la respuesta no la encontramos en ningún libro ni texto. Esto sucede debido a que cada persona es diferente, y única principalmente. Cada uno es el responsable de construir su forma de ser y de actuar frente a la realidad que hoy nos rodea. Cuando uno está conforme con lo que es y con lo que hace dentro de su sociedad, aprende a valorarse a si mismo. Ahí, según mi criterio, está el punto de la cuestión.
Es imprescindible, para toda persona, sentirse útil, querida y satisfecha. Si intentamos cambiar algo, por mas estúpido o minúsculo que sea el inconveniente, lo importante es tomar esa decisión, enfrentar ese problema. Puede que fracasemos, quizás por mala suerte o tal vez por falta de experiencia, o probablemente porque cometimos un error. Pero somos humanos, todos cometemos errores, y no tiene nada malo hacerlo, si después somos capaces de reconocerlos y tratar de que no vuelvan a suceder.
Todos estos aspectos forman parte de quienes somos. Por eso llego a la conclusión de que es uno mismo quien decide qué es, para qué y por qué está hoy acá. Lo importante es no desalentarse, no creer que NO SOMOS NADIE simplemente porque pensamos que no logramos nada, que no podemos cambiar nada, que no servimos para nada. Al contrario. Si en verdad creemos todo eso es muy probable que fracasemos. Si creo que no sirvo, posiblemente todo lo que haga tampoco sirva, ni resulte útil. Por eso tenemos que empezar con un cambio de actitud. Cada uno es importante por si solo, y tenemos que querernos a nosotros mismos primero, si pretendemos que los demás nos quieran o nos presten atención. Es muy fácil decir que no somos nadie, que no somos imprescindibles, y quedarnos quietos, sin que nos interese lo que pase alrededor de nuestro. Es una postura muy cómoda y que no requiere ningún tipo de esfuerzo. Sin embargo, yo creo que si vivimos, es para eso mismo, para vivir. Para asumir riesgos y enfrentar problemas, pero siempre fotalecerse después de atravesarlos.
Por estos motivos, creo que toda persona debe considerarse “imprescindible”. Si partimos de esa base, vamos a aprender a creer en lo que hacemos, a apostar al cambio y al progreso, sin temerle al fracaso. Todos somos importantes, y sería fantástico que nos demos cuenta de eso y que a partir de ahí tomemos decisiones. Ahora bien, está en cada uno descubrir quién es verdaderamente, pero ésta respuesta la va a conocer a medida que pasen los años. Adoptando posturas, formando opiniones, eligiendo una o otra manera de solucionar un problema. Todo lo que hace a la personalidad de uno, a su identidad, describe quienes somos en realidad.
Eugenia Savino

